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Aromas y Sonrisas

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Existe cada vez más evidencia que las madres están programadas para crear vínculos con sus hijos. Las feromonas, químicos que excretamos para atraer pareja, también son producidas por los bebés para asegurar esos vínculos madre-hijo desde muy temprano. En un estudio, el 90 por ciento de las mamás fueron capaces de identificar a sus bebés solo por su aroma habiendo pasado tan solo 10 minutos con ellos. Ese mismo estudio reveló que el 100 por ciento de las madres pudieron identificar a sus bebés después de una hora.

Los bebés también reconocen el aroma de su mamá. El año pasado, un estudio realizado en Japón descubrió que los bebés que sentían el olor de la leche del pecho de su propia madre sufrían menos estrés al ser evaluados médicamente, comparados con aquellos que fueron expuestos al olor de la leche de otras madres. El simple aroma del pecho de su madre fue suficiente para calmar a los bebés.

El aroma, por lo tanto, motiva a las madres a cuidar de sus hijos y a estos a mantenerse cerca de ellas, al igual que las sonrisas.
Otro estudio, realizado por la Universidad Baylor de Medicina en Houston, escaneó los cerebros de mujeres mientras veían fotos de sus propios hijos y de otros bebés haciendo caritas tristes, alegres y neutrales.

Se encontró que cuando una mujer veía las fotos de su propio hijo, las partes del cerebro asociadas a la recompensa se activaban haciéndola sentir bien. Esto pasaba incluso más cuando las fotos del bebé mostraban una linda sonrisa. Todo esto parece muy primitivo: Mamá hace bebé feliz, mamá recibe recompensa, mamá quiere hacer bebé sonreír otra vez.

En resumidas cuentas, estamos diseñados para volvernos adictos a nuestros hijos. Este vínculo asegura la sobrevivencia del bebé en términos de protección, nutrición, cuidado y cariño.